A partir de algunas imágenes editadas
en diferentes libros, mi amigo Juan Morán me propuso la idea de
realizar un recorrido de criaturas mágicas, de habitantes de
los bosques en la Mitología Cántabra dentro del "Sendero del Agua",
su casa de apartamentos rurales en Birruezas, S. Vicente del Monte (Cantabria).
Y, poco a poco, esa idea se fue desarrollado con
mucho cariño.
Ahí están, siguen aguantando la intemperie después de unos cuantos
años.
ANJANA, CULEBRE, MUSGOSO, OJANCANO, TRASGOS, LA VIEJUCA DE VIESPERES
ANJANA
La anjana (de jana, antiguo nombre con que se designaba a las hechiceras durante la Edad Media) es un personaje fantástico, referido por el costumbrista Manuel Llano en el primer tercio del s XX como parte de la mitología cántabra. Este autor recoge en su obra cuentos que dice haber oído a pastores y gente del campo (transcritos en asturleonés) relativos a la anjana en los valles de Santillana, Valdáliga, Rionansa, Lamasón, Polaciones, Cabuérniga, Aras, y Meruelo.
En los relatos de Llano se representa a esta con largas trenzas adornadas con lazos y cintas de seda, ceñida la cabeza con hermosas coronas de flores silvestres. Visten una fina y larga túnica blanca que cubren con una capa azul, y en sus manos llevan una vara de fresno, espino, o una pica dorada, con la que golpean la tierra, el agua, u otros objetos para hacer sus encantamientos. Tienen una piel blanquísima y una mirada amorosa y serena, pero pueden convertirse en personas, árboles, animales u objetos inanimados. Generalmente son seres bondadosos que amparan y ayudan a la gente necesitada o afligida, y poseen grandes palacios subterráneos, ocultos en torcas y cuevas -frecuentemente en fuentes y ríos-, en donde guardan magníficos tesoros que a menudo usan para tentar y castigar a los codiciosos y soberbios, o para favorecer a los más humildes o desfavorecidos de buen corazón. Llano pone en boca de un vecino de Viaña que algunas anjanas llevan ropa y calzado a los menesterosos cada cuatro años en el día de Reyes. Pero también hay anjanas malvadas, si bien su poder suele ser neutralizado por las bondadosas. Estos seres feéricos son los antagonistas de los crueles y despiadados ojáncanu y ojáncana.[cita requerida]
A las anjanas se las ve paseando por las sendas de los bosques, descansando en las orillas de los veneros y en los márgenes de los arroyos que parece que cobran vida. Conversan con las aguas que manan de las fuentes y manantiales que es donde viven. Ayudan a los animales heridos, a los árboles partidos por las tormentas o los ojáncanos, a los enamorados, a aquellos que se extravían en la frondosidad del bosque o en el rigor de la nevada, a los pobres y a los que sufren. Cuando pasean por los pueblos dejan regalos en las puertas de los que se lo han merecido y si se las invoca pidiendo ayuda, ellas la prestarán, si quien la pide es buena persona, pero también castigan a quien obra mal.
La anjana está íntimamente relacionada con seres mitológicos como las xanas (mitología asturiana y leonesa), las lamias, las mouras (mitología gallega), Mari y Mairu (mitología vasca) y las encantadas, de hecho una y otras, en esencia, son versiones diferentes de la misma narración pero adaptadas a entornos culturales particulares.
CULEBRE
El CULEBRE es un misterioso dragón que las leyendas sitúan en una cueva en los acantilados de San Vicente de la Barquera.
Está emparentado con los grandes dragones de otras tierras. Como estos, tiene una sola cabeza y una enorme boca con terribles dientes por la que expulsa fuego y azufre. Sus ojos tienen el color de ascuas ardientes. Todo su cuerpo está cubierto de escamas y en su espalda posee unas pequeñas alas de murciélago que le permiten volar.
Se cuenta que el Culebre tras varios siglos de longevidad ha perdido parte de sus poderes. Esto sucede sobre todo la noche de San Juan cuando se dice que fallan los encantamientos mientras que, según se habla, la noche de San Bartolomé sale de su cueva con sus poderes acrecentados, provocando tempestades y desatando el terror entre las tranquilas gentes de San Vicente.
Cuenta la leyenda que el durante un tiempo el Culebre exigía como tributo una doncella virgen para devorarla, pero una vez, una de las doncellas invocó al Apóstol Santiago para que la salvara de tan cruel muerte y entonces, el Culebre como herido en el pecho, soltó una nube de azufre por la boca y retorciéndose, herido y humillado, se metió en la cueva para no volver a pedir tributo a las gentes.
MUSGOSO
Se trata de un hombre alto y delgado, sombrío de cara pálida, ojos pequeños y hundidos y barba negra muy larga, con aire cansado, que anda por las brañas vestido con una zamarra de musgo, sombrero de hojas, escarpines de piel de lobo y en el zurrón lleva siempre una flauta de una madera desconocida. Siempre está caminando, muy lentamente, como si estuviera cansado, pero nunca se detiene.
Nadie le ha oído nunca hablar, pero en los montes de Cantabria todo el mundo le respeta y le conoce y muchos son los pastores que le deben incluso la vida. El Musgoso sólo vive para hacer bien en el monte, para avisar de los peligros de la Naturaleza, del Ojáncano y de otros seres malignos. Compasivo y trabajador infatigable, repara las chozas de los vaqueros derribadas por el temporal.
A veces toca la flauta y, sin dejar de andar, interpreta dulces y a la vez tristes melodías que son inconfundibles, pero nunca por la noche, ya que por la noche silba. El sonido de la flauta del Musgoso hace que los pastores se protejan del temporal que llega, guardando sus rebaños y buscando refugio.
Otras veces lo que alerta a los pastores no es ni su silbido ni el sonido de su flauta, sino unos ruidos característicos como de una rama que se desgaja o una piedra que rueda monte abajo. Esto hace que los pastores estén muy atentos, pues es señal de que algún peligro les aguarda.
Pasados unos años, el primer ojáncano fue arrastrado por una riada y con el tiempo fue sustituido por una segunda versión.
El ojáncano u ojáncanu es un gigante ciclópeo de la tradición cántabra que encarna todo el mal, lo más negativo y lo salvaje. Con erentes características regionales, se le conoce con distintos nombres. Es denominado Ojáncano, Jáncano o Páncano en Cantabria. En el País Vasco responde a los de Tárta Torto, Anxo y Basajaun; aunque éste último en algunas versiones no tiene las connotaciones negativas el Ojáncano, o es tan poco inteligente que es fácilmente burlado. En Asturias lo llaman Patarico. En Galicia, Olláparo –en ocasiones con otro ojo en el cogote- y Ollapín –con solo uno en el cuello-.
Todas las versiones coinciden en señalar que el rostro es completamente redondo, de color amarillento, con unas barbas como cerdas de jabalí, largas, bermejas como una llama. Los cabellos son de un rojo menos intenso. Su único ojo, en mitad de la frente, relumbra como una candela, y está rodeado de unas arrugas pálidas con unos puntitos azules. Es fuerte y de largos brazos; su voz, como un trueno, se asemeja al bramido de un toro en celo y, a la puesta del sol, muge y echa espuma por la boca.
Aparte de estos datos, las versiones son muy distintas, dependiendo de los lugares donde se escuchen. Suele tener diez dedos en cada mano y en cada pie, y dos hileras de dientes. A veces nos dicen que es alto y delgado y que se cubre con una zamarra de color pardo; otras, que va prácticamente desnudo y se tapa con su melena y barbas, larguísimas y engrasadas con unto de oso, dejando al descubierto tan solo el ojo.
Su morada se ubica en profundas grutas con la entrada cubierta de maleza y de desprendimientos pétreos, cuya puerta cierra con una enorme piedra que nadie más que él puede mover. Su lecho está situado en la zona más profunda, formado a base de hojas, hierbas y ramas. Enfurecido por el fuerte viento de los temporales, que le enreda las barbas en zarzas, árboles y arbustos, se enfada y tira y despedaza grandes rocas y árboles. En ocasiones pelea a pedradas con otros ojáncanos. Ellos han sido los que, en momentos como estos, han hecho los desfiladeros y precipicios, y han desgajado los montes.
Ente las maldades que la mitología cántabra atribuye a este ogro está el de derribar árboles, cegar fuentes, robar ovejas, raptar a jóvenes pastoras, destruir puentes, matar gallinas y vacas, abrir simas y barrancos, arrastrar peñas hasta las camberas y brañas donde pasta el ganado, rompe las tejas, robar imágenes en las iglesias y dejar bojonas (con cuernos defectuosos) las vacas. Además, siembra entre los lugareños el rencor, la soberbia, la envidia y el hurto. A los recién nacidos se les protegía para que no fuesen raptados por ellos con una mezcla de agua bendita con laurel, a la que añaden harina si son niños, pero no en el caso de que sean niñas.
Ojancano (15)
Al igual que la anjana, tiene el don de la metamorfosis, y puede adoptar varias formas para hacer daño. Puede transformarse en un mendigo anciano y pide albergue en cualquier casa, desapareciendo al amanecer luego de haber dado muerte a vacas, ovejas y gallinas. Otras veces roba los ahorros y otros objetos de las viviendas. En otras versiones, se transforman en un árbol robusto a orilla de los caminos y al pasar un carro con leña u otro cargamento, este se derrumba sobre los bueyes. Otras historias cuentan sobre robos a bellas pastoras y destrucciones de cabañas.
Además de comer todo el ganado y la gente que podía conseguir, aunque siempre le gustaron las bellotas, de las hojas de los acebos y de los animales y panojos de maíz que roba. Pero también come murciélagos y aves como las golondrinas, además de los tallos de las moreras, y suele hurtar a los pescadores las truchas y las anguilas.
Se le puede matar –según las diversas versiones- arrancándole un pelo blanco de la roja barba, o dándole con una piedra en un hoyo que tiene en el centro de la frente. También fallece si come setas o fresas silvestres, o si es tocado por una lechuza en la cabeza. También cuando un sapo volador toca al ojáncano, este muere si no consigue una hoja verde de avellano untada en sangre de raposo. Según la tradición, cuando envejece lo suficiente, son otros ojáncanos jóvenes quienes le matan, le abren el vientre y reparten lo que lleva dentro, enterrándolo junto a un roble. Del cadáver del ojáncano, al cabo de nueve meses, surgen unos enormes gusanos que la Ojáncana amamanta con la sangre de sus pechos hasta que al cumplir tres años se transforman en ojáncanos y ojáncanas para comenzar otra vez el ciclo de maldades.
Sus únicos amigos son el cuegle y los cuervos; estos últimos suelen informarles de cuanto ven posándose junto a su oreja o en su nariz. Su principal enemigo son las anjanas, pues este es la antítesis de la bondad, de la dulzura de la Anjana. Donde ésta pone afecto, recompensa, humildad y regalo, el Ojáncano pone rencor, castigo, soberbia y hurto. Las perseguía al encontrarlas en su camino; pero éstas se transformaban o se hacían invisibles, y conseguían burlarle siempre
Paralelamente, existen versiones que cuentan la existencia de ojáncanos bondadosos, nacido uno cada cien años, a los que se les podía incluso acariciar y ellos agradecidos avisaban de la llegada de los ojáncanos malos. Este monstruo es considerado el ser más popular de la mitología de Cantabria.
Hay una leyenda de una anjana que se encontró a un ojáncano un frío día de invierno, cuando la nieve caía sin parar. Atacando a los lobos, consiguió espantarlos, pero le habían dañado su único ojo, por lo que vagaba perdido en medio de la ventisca, asustado y ciego. La anjana se acercó a él, le tomó de la mano y se lo llevó a vivir con ella. Desde entonces, fueron amigos y permanecieron unidos, sacándole la anjana a pasear los días soleados.

Descripción física
Aunque su descripción suele variar de región, generalmente al trasgo se le representa como un duende pequeño (entre 40-80 cm de altura), de apariencia humana, de piel marrón, negra u oscura y ojos muy negros y brillantes. Suele vestirse , vestido por lo general de rojo y llevar un gorro rojo gorro también colorado. Los más característico de los trasgos es que tiene la mano izquierda agujereada, aunque en ocasiones se le representa con ambas manos agujereadas. Esto les impiden coger cosas con ellas pues siempre se les caen por el agujero. También de los trasgos asturianos se dice que son cojos, aunque esto no les impide moverse con asombrosa rapidez; siendo muy ágiles y pudiendo dar enormes saltos. En Cantabria también se le suele añadir cuernos y rabo.
Personalidad
Aunque no es un ser malvado, su principal afición es molestar y gastar bromas pesadas a los habitantes de una casa, como romper la vajilla, asustar al ganado en las cuadras y hacer ruidos nocturnos por el desván. El trasgo es un duende familiar, y es muy difícil deshacerse de él. Les gusta asentarse en el fuego del hogar y sus lugares favoritos son los desvanes, cuadras y cocinas, donde suelen hacer más a menudo sus travesuras. Los trasgos de Cantabria suelen ser algo más tosco que sus parientes asturianos y gallegos. En ocasiones se le atribuyen poderes mágicos como la capacidad de transformarse en animales, aunque solo suelen hacerlo cuando están fuera de la casa de la que se han hecho "huéspedes". También la glotonería es característica de los trasgos, y una de las señales de que se han instalado en una casa es la constante desaparición de comida, especialmente de dulces.
En otros lugares, se dice que habitan en los bosques y cuya actividad es burlar a las personas y hacerles gamberradas, sobre todo a las muchachas que están haciendo alguna tarea como por ejemplo pastorear. Puesto que deben esconderse de los humanos, su vestimenta se compone de hojas de árboles y musgo.
Debido a sus constantes travesuras, algunas familias que se vieron obligadas a abandonar sus casas por culpa del trasgo, sin embargo esto no suele funcionar, ya que el trasgo le ha cogido "cariño" a la familia y les sigue hasta su nuevo hogar, donde continua con sus actividades. También a su manera tratará de ayudar en las tareas del hogar. La única forma de librarse de él es encomendarle tareas imposibles, como coger agua en un cesto, blanquear una oveja negra o mandarle recoger con las manos granos de maíz o mijo tirados por el suelo, cosa que no puede hacer debido a que los granos se le cuela por los agujero de sus manos; pero como se cree capaz de hacerlo todo, el trasgo aceptará el trato y he intentará infructuosamente realizar las tareas que se le han encomendado, hasta que se da cuenta de que se ve incapaz de hacerlo, por lo que al final desistirá y, avergonzado y se marchará.
LA VIEJUCA
LA VIEJUCA DE VIESPERES: Bruja inofensiva... encorvada y descolorida... que recorre los prados las noches de luna llena... apoyándose en un cayado de oro con regatón de plata que siempre está limpio aunque toque pozas y barros...
Fuentes:
Comentarios