Petra Martínez
Mi infancia fue muy sencilla y, como niña de pueblo que soy, mis mejores juguetes fueron el barro y el musgo de los patios, la arena de la calle, los palos, las piedras, cajones, sacos, semillas...a parte de algunos escasos juguetes más convencionales.
Siempre pienso que esa temprana experimentación con los elementos naturales sentó las bases de mi afición por el modelado con la búsqueda y recuperación constante de ese disfrute original.
Fui una niña invisible, muy tímida y tuve que llegar a la adolescencia para descubrir la interminable risa de la amistad, la alegría y el sentido del humor. En el instituto, fue una profesora de Historia del Arte la que puso por primera vez en mis manos un trozo de arcilla roja. Y, desde entonces, ya no hubo vuelta atrás. Me encantó modelar, de vez en cuando, practicaba en casa yo sola sin mayor objetivo que el de hacer y deshacer figuras de barro.
Después, estudié para maestra y en las clases de Magisterio, también tuve un excelente profesor de plástica que me abrió los ojos al mundo del arte. Hubo que entregar trabajos plásticos con distintas técnicas y aquello me fascinó.
En los años siguientes, viví en distintos lugares y en todos y cada uno de ellos, busqué talleres municipales de cerámica, en los que seguir aprendiendo y experimentando.
Soy maestra, ahora recién jubilada y nunca he perdido la ilusión por mi oficio. En paralelo, el modelado en barro siempre ha sido mi mayor afición y mi mejor forma de expresión.
He ido regalando todo lo que he hecho como la mejor muestra de amor que podía ofrecer a mi gente más querida.
Y, de momento, quiero seguir modelando y que sean mis manos las que dirijan mi cabeza y me hagan feliz.


Comentarios